Miguel Agustín Pro
Sacerdote jesuita mexicano, Miguel Agustín Pro ejerció un ministerio clandestino audaz bajo la persecución de Calles antes de ser injustamente fusilado en 1927.
Sus contemporáneos
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Biografía
La juventud de Miguel Agustín Pro, su ingreso en los jesuitas y su exilio debido a la Revolución Mexicana.
José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez nació el 13 de enero de 1891 en Guadalupe, en el estado de Zacatecas, México. Fue el tercero de una familia de once hijos. Su padre, Miguel Pro, era ingeniero de minas, y su madre, Josefa Juárez, era una mujer piadosa dedicada a las obras de caridad. Desde su infancia, Miguel se distinguió por su carácter alegre, su sentido del humor y su piedad. En agosto de 1911, ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en El Llano. Sin embargo, la Revolución Mexicana y el auge de un anticlericalismo violento perturbaron gravemente la vida religiosa. En agosto de 1914, tras el saqueo de su casa de formación por las tropas revolucionarias, los jesuitas tuvieron que huir del país. Miguel comenzó entonces un largo exilio de más de diez años. Se dirigió primero a Los Gatos, en California (Estados Unidos), y luego a España, a Granada, donde estudió filosofía de 1915 a 1918. De 1918 a 1922, enseñó en Nicaragua, antes de regresar a Europa. Estudió teología en Barcelona y luego en el escolasticado de Enghien, en Bélgica, de 1924 a 1926, interesándose al mismo tiempo por la sociología y los movimientos obreros en Lovaina. Fue ordenado sacerdote el 30 de agosto de 1925 en Enghien. A pesar de su frágil salud y de los graves dolores estomacales que requirieron varias operaciones, conservó una alegría inalterable. En julio de 1926, sus superiores lo enviaron de regreso a México con la esperanza de que el clima natal mejorara su salud.
Vida y obra
El ministerio clandestino e ingenioso del padre Pro en México bajo la persecución de la ley Calles.
El padre Miguel Agustín Pro regresa a México en julio de 1926, en el momento preciso en que el presidente Plutarco Elías Calles promulga leyes anticatólicas extremadamente severas (la «ley Calles»), prohibiendo todo culto público y ordenando el cierre de las iglesias. El ministerio sacerdotal debe entonces ejercerse en la clandestinidad más absoluta. El padre Pro despliega una actividad pastoral intensa e ingeniosa en Ciudad de México. Para escapar de la policía, utiliza numerosos disfraces: se viste de mendigo para visitar los hogares, de oficial de policía para llevar los sacramentos a los prisioneros, o de burgués elegante. Organiza «estaciones eucarísticas» clandestinas en casas privadas, donde distribuye la comunión a miles de fieles cada semana. Paralelamente a su ministerio sacramental, se dedica a los más desamparados. Apoya material y espiritualmente a las familias de obreros, ayuda a las madres solteras y se ocupa de las prostitutas fundando un hogar para ayudarlas a cambiar de vida. Su humor, su vivacidad y su caridad incondicional lo convierten en una figura extremadamente popular y querida por los católicos de la capital.
Camino hacia la santidad
El arresto injusto del padre Pro, su condena sin juicio y su heroica ejecución.
El 13 de noviembre de 1927, se perpetró un atentado con bomba contra el general Álvaro Obregón, candidato a la presidencia de la República. Aunque el padre Pro y sus hermanos, Humberto y Roberto, no tenían ninguna relación con este complot (organizado por miembros de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa), la policía utilizó el hecho de que el coche de los atacantes había pertenecido a Humberto para detenerlos el 17 de noviembre de 1927. El autor del atentado, el ingeniero Luis Segura Vilchis, se entregó e inocentó formalmente a los hermanos Pro, pero el presidente Calles decidió hacer del padre Pro un ejemplo para aterrorizar a la resistencia católica (los cristeros). Sin juicio alguno ni presentación de pruebas, el padre Miguel Agustín Pro y su hermano Humberto fueron condenados a muerte. El 23 de noviembre de 1927, el padre Pro fue conducido al patio de la jefatura de policía de la Ciudad de México para ser fusilado. Antes de la ejecución, se negó a que le vendaran los ojos, perdonó a sus verdugos y pidió unos instantes para rezar. Se arrodilló, luego se levantó, extendió los brazos en cruz, sosteniendo un rosario en una mano y un crucifijo en la otra. Sus últimas palabras, pronunciadas con voz firme justo antes de los disparos, fueron: «¡Viva Cristo Rey!».
Beatificación y canonización
El impacto de su martirio, el reconocimiento de su muerte in odium fidei y su beatificación por Juan Pablo II.
El presidente Calles había ordenado que la ejecución fuera fotografiada y publicada en la prensa para humillar a los católicos y quebrar su moral. El efecto producido fue exactamente el inverso: las imágenes del padre Pro muriendo con los brazos en cruz se convirtieron en el símbolo heroico de la resistencia de la fe. Su entierro, el 25 de noviembre de 1927, reunió a más de 20 000 personas que lo acompañaron en silencio, transformando sus funerales en un triunfo espiritual. El proceso informativo para su causa de beatificación se abrió el 28 de septiembre de 1935 en México. El 10 de noviembre de 1986, el papa Juan Pablo II reconoció oficialmente su martirio (muerte en odio a la fe, in odium fidei), lo que dispensó de la exigencia de un milagro para su beatificación. El padre Miguel Agustín Pro fue solemnemente beatificado el 25 de septiembre de 1988 por el papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro en Roma. Su fiesta litúrgica está fijada el 23 de noviembre, día de su martirio. Su causa de canonización se encuentra actualmente en curso en Roma.
Espiritualidad y legado
La espiritualidad eucarística y alegre del padre Pro, y la fundación del Centro Prodh para los derechos humanos.
La espiritualidad del beato Miguel Agustín Pro es profundamente eucarística y cristocéntrica. Para él, la celebración diaria de la misa y la adoración eran la fuente de toda fuerza apostólica. Su entrega total a la voluntad divina se expresa mediante un deseo ardiente de imitar a Cristo, incluso en su Pasión. Su marca distintiva es la «alegría de Dios»: incluso en medio de los peores sufrimientos físicos y los peligros constantes de la clandestinidad, mantuvo un espíritu alegre, convencido de que la tristeza no tenía lugar en un siervo de Cristo. Su legado permanece vivo en México y en todo el mundo. En 1988, el año de su beatificación, los jesuitas mexicanos fundaron el «Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez» (Centro Prodh), una organización de defensa de los derechos humanos que continúa su lucha por la justicia y la dignidad de los más pobres. Sus reliquias son veneradas en la Iglesia de la Sagrada Familia en Ciudad de México.
Iconografía
Signos y atributos
Preguntas frecuentes sobre Miguel Agustín Pro
¿Quién fue Miguel Agustín Pro?
Sacerdote jesuita mexicano, Miguel Agustín Pro ejerció un ministerio clandestino audaz bajo la persecución de Calles antes de ser injustamente fusilado en 1927.
¿Cómo se reconoce a Miguel Agustín Pro en el arte cristiano?
En la iconografía, Miguel Agustín Pro se reconoce por: rosario y crucifijo.
¿Cómo murió Miguel Agustín Pro?
Miguel Agustín Pro sufrió el martirio por la fe cristiana (20.º siglo).
¿Qué santos fueron contemporáneos de Miguel Agustín Pro?
Entre sus contemporáneos figuran: Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, Felipe de Jesús Munárriz y 50 compañeros, Mariano de Jesús Euse Hoyos y Teresa de Jesús de los Andes.
¿Cuáles son los otros nombres de Miguel Agustín Pro?
Otras formas del nombre: José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez y Miguel Pro Juárez.
¿Quiénes son los allegados de Miguel Agustín Pro?
Allegados de Miguel Agustín Pro: Miguel Pro (padre), Josefa Juárez (madre), Humberto (hermano) y Roberto (hermano).
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Época / muerte: 1927
- Beatificación en 1988 por Juan Pablo II
Citas
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¡Viva Cristo Rey!
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