Santa Lea
Dama romana del siglo IV, santa Lea se consagró a Dios tras su viudez abrazando una vida de humildad y penitencia. Convertida en abadesa de un monasterio de vírgenes, fue elogiada por san Jerónimo por su austeridad y su servicio a los demás. Murió en 384, dejando el ejemplo de una vida oculta y pobre opuesta a la vanagloria del mundo.
Sus contemporáneos
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SANTA LEA, VIUDA
Vida ascética y muerte
Tras su viudez, Lea adopta una vida de penitencia rigurosa en Roma, marcada por la humildad y la oración, hasta su muerte en 384.
Lea era una dama romana que, tras la muerte de su marido, abrazó las austeridades de la penitencia. Llevaba el cilicio, pasaba la mayor parte de las noches en oración y se ejercitaba continuamente en la práctica de la humildad. Murió en 384. San Jerónimo hace un her moso paralelo entre la muerte de santa Lea y la de un pagano, llamado Pretextato, qu ien fue a rrebatado del mundo el mismo año, después de haber sido nombrado cónsul.
El testimonio de san Jerónimo
San Jerónimo relata la vida de Lea en una carta dirigida a santa Marcela, subrayando su superioridad espiritual sobre los honores mundanos.
Y puesto que san Jerónimo ha hecho él mismo el elogio de santa Lea, seríamos sin duda reprensibles si utilizáramos otros términos que los de este gran Doctor. He aquí, pues, lo que escribe sobre ella a la viuda santa Marcela:
El elogio de la abadesa y la comparación con Pretextato
Jerónimo describe a Lée como una abadesa ejemplar y humilde, oponiendo su salvación eterna a la caída del cónsul pagano Pretextato.
«¿Quién podrá dar a la bienaventurada Lée las alabanzas que merece? Se consagró tanto a Dios, que mereció la calidad de abadesa en su m onaster io, y el título de superiora sobre tantas vírgenes que la reconocían como su madre. Después de los hábitos pomposos de los que se había servido, según la vanidad del mundo, se cubrió con un saco para mortificar sus apetitos, y se dedicó a la perfección, pasando noches enteras en vigilias y oraciones, a fin de enseñar la devoción a sus compañeras, más por el ejemplo de sus acciones que por sus discursos y sus amonestaciones. Su humildad era tan profunda que, después de haber mandado a las otras, se había convertido en la sierva de todo el mundo; pero era tanto más perfectamente sierva del Hijo de Dios, cuanto menos quería ser maestra entre las criaturas. Su mobiliario era muy pobre, sus hábitos sin lujo, y su vivir muy austero. No tenía la cabeza cubierta de perlas, ni el rostro realzado con afeites. Practicaba las virtudes cristianas sin prisa y hacía el bien de tal suerte que no esperaba nada de ello, goza de un reposo que le era debido. Ahora, por algunas huellas, e introducida en lo cumplido, después de haber sido recibida por los coros, ya no hay vicio, ella ve al rico y al cónsul, que estaba cubierto de púrpura, no más con su túnica triunfal, sino saludado por Abraham, de donde, con el pobre, ha salido de la aguja. ¡Oh! ¡Cómo han cambiado bien las cosas de aspecto! Aquel que subía pomposamente al Capitolio, como si hubiera triunfado sobre los enemigos, y que había sido recib ido con aplausos de todo el pueblo romano; aquel que, con su muerte, había llenado de duelo a toda la ciudad, está ahora reducido a la miseria, y alojado no en el palacio y en la corte celestial (como su desgraciada mujer lo publica con mucha impudicia), sino en las tinieblas exteriores, que no terminarán jamás. Y nuestra bienaventurada Lée, que había hecho su retiro en un pequeño rincón, a fin de parecer pobre y ser estimada insensata ante el mundo, es hoy recibida en el festín del Cordero, y dice con el Salmista: «Vemos las cosas en la casa de nuestro Dios de la manera en que nos han sido anunciadas». Por eso os represento, con lágrimas en los ojos, y os declaro que no hay que llevar dos túnicas durante esta vida, ni cubrirse los pies con pieles de animales, que son las afecciones y las acciones muertas de la carne; ni buscar las gracias y los favores del mundo, significados por el bastón, que son todas condiciones misteriosamente prohibidas por el Salvador bajo el símbolo de estas alegorías. No debemos emprender servir al mismo tiempo a Jesucristo y al siglo, sino que hay que vivir con tanta moderación, que los bienes eternos puedan suceder a los temporales, y reconocer que, si nuestro cuerpo se acerca cada día a su fin y a sus cenizas, todo el resto, en el mundo, no es de más larga duración».
Distinciones y fuentes históricas
El texto aclara la identidad de Lea para evitar la confusión con Leta y menciona su inscripción en el Martirologio romano por Baronio.
Es el lenguaje de san Jerónimo. Él hace mención nuevamente de santa Lea en la epístola 45 a la misma santa Marcela; pero no se la debe confundir con Leta , a quien dirige la séptima para instruirla sobre la manera en que debía criar a su hija. Esta última se había casado con Toxocio, hijo de s anta Paula, y había tenido una hija llamada Paula, como su abuela, y, tras la muerte de su marido, se había retirado del mundo. En cuanto a nuestra santa Lea, no se conoce el nombre de su marido.
El martirologio romano hace memoria de santa Lea, así como el cardenal Baron io en sus Anales, el año 382.
Iconografía
Signos y atributos
Entidades
Red del relato
Los nombres, lugares y conceptos más presentes en la ficha, ponderados por su centralidad en el texto.
Preguntas frecuentes sobre Santa Lea
¿Quién fue Santa Lea?
Dama romana del siglo IV, santa Lea se consagró a Dios tras su viudez abrazando una vida de humildad y penitencia. Convertida en abadesa de un monasterio de vírgenes, fue elogiada por san Jerónimo por su austeridad y su servicio a los demás. Murió en 384, dejando el ejemplo de una vida oculta y pobre opuesta a la vanagloria del mundo.
¿Cómo se reconoce a Santa Lea en el arte cristiano?
En la iconografía, Santa Lea se reconoce por: cilicio, saco (hábito de penitencia) y ropas pobres.
¿Qué santos fueron contemporáneos de Santa Lea?
Entre sus contemporáneos figuran: San Blas, San Hilario de Poitiers, San Basilio el Grande (Arzobispo de Cesarea) y San Baudilio.
¿Cuándo murió Santa Lea?
Santa Lea murió hacia 400.
¿Cuáles son los otros nombres de Santa Lea?
Otras formas del nombre: Lea.
¿Quiénes son los allegados de Santa Lea?
Allegados de Santa Lea: Inconnu (esposo).
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Matrimonio y viudez
- Renuncia al mundo y a las vestiduras pomposas
- Ingreso en el monasterio y práctica de la penitencia
- Elección como abadesa y superiora de vírgenes
- Fallecimiento en 384
Citas
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Se consagró tanto a Dios que mereció la calidad de abadesa en su monasterio y el título de superiora sobre tantas vírgenes que la reconocían como su madre.
San Jerónimo, Carta a santa Marcela