5.º siglo

San Armogasto

Conde en la corte de Teodorico en el siglo V, Armogasto sufrió crueles torturas por su fe católica frente a los arrianos. Tras sobrevivir milagrosamente a los suplicios, fue condenado a trabajos forzados y reducido a la condición de boyero cerca de Cartago. Murió pacíficamente tras haber predicho su fin, y fue enterrado en un sarcófago de mármol descubierto milagrosamente.

Cronología

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    SAN ARMOGASTO, CONDE Y PATRÓN DE LOS PADRES (461).

    Contexto 01 / 06

    La persecución de Genserico

    En 460, el rey vándalo Genserico lanza una violenta persecución contra los católicos, exigiendo la entrega de los libros y objetos sagrados.

    En 460, Genseric o, renovando todos los horrores de la persecución de Diocleciano, obligaba a los sacerdotes y ministros del Señor a entregar a los herejes los libros santos y los ornamentos sagrados. Valeriano , obispo de Abbenza (en la Zeugitania), y A rquino, na cido en Mascula, en Numidia, señalaron su constancia entre todos los demás. El primero, que se negó invenciblemente a entregar las cosas santas, fue expulsado de la ciudad por orden del rey, sin que nadie pudiera dejarlo entrar en una casa o incluso permitirle permanecer en sus tierras. Así, este anciano de más de ochenta años se encontraba reducido, en una privación completa, a no tener por lecho más que la vía pública; y el hecho nos es atestigua do por Víctor de Vita, quien había ido a saludarlo en este miserable exilio de una especie nueva. El segundo, solicitado primero por las bellas palabras y las promesas del rey, se mantuvo firme en confesar la verdad católica. Al condenarlo a muerte, se ordenó secretamente al verdugo que solo lo golpeara si lo veía temblar en el momento de recibir el golpe mortal; pero se convino que se le dejaría con vida si permanecía tranquilo bajo la amenaza de la espada. Conducido por el verdugo, no opuso resistencia alguna, y arrodillándose presentó su cabeza sin inmutarse más que una columna. Su firmeza, pues, le salvó la vida sin quitarle el mérito.

    Vida 02 / 06

    La constancia de Valeriano y Arquino

    El obispo Valeriano es condenado al exilio en la vía pública, mientras que Arquino escapa de la muerte gracias a su impasibilidad ante la espada.

    Al año siguiente, Armogasto , que pertenecía a la corte de Teodorico , segundo hijo de Genserico, había resistido a las ofertas y amenazas de los pérfidos arrianos, cuando vio venir a los verdugos que le apretaron violentamente las piernas con cordeles, y las sienes con nervios de buey. El santo hombre, en medio de esta angustia, elevaba los ojos al cielo invocando al Señor Jesucristo; sin embargo, las ataduras se rompieron en varias ocasiones, para gran asombro de los arrianos, quienes hicieron doblar las cuerdas y repetir la tortura. Pero su sorpresa fue mucho mayor cuando vieron en su frente, no marcas profundas ni la piel desgarrada, sino simples arrugas. Lo suspendieron por un pie, con la cabeza hacia abajo; pero sin lograr ni quebrantarlo, ni, al parecer, hacerlo sufrir: pues, sostenido por la ayuda de Dios, parecía dormir tranquilamente como si estuviera en un lecho mullido. Ante esta noticia, Teodorico ordenó que le cortaran la cabeza; pero Jocundo, sacerdote a rriano, hizo observar al príncipe que, al quitarle la vida a este hombre, daría lugar a que los romanos (es decir, los católicos) lo honraran como mártir. En consecuencia, cambiando de opinión, hizo relegar a Armogasto en Bizacena, condenándolo a trabajos de movimiento de tierras. Más tarde, el santo confesor fue llevado de vuelta a la campiña de Cartago y, para exponerlo al desprecio de todos, reducido a ser boyero. Soportó esta ignominia con la misma constancia que había mostrado en sus primeras pruebas; luego, sabiendo que el día de su muerte se acercaba, hizo venir a Félix, catól ico s incero aunque intendente de la casa de Teodorico, y le mostró el lugar donde deseaba que su cuerpo fuera inhumado bajo un árbol. Su amigo se resistía a darle la promesa, diciendo que pretendía enterrarlo en una de las basílicas de la ciudad; pero el santo hombre insistió tanto que obtuvo la palabra de Félix. Algún tiempo después, Armogasto fue liberado por la muerte; y Félix, fiel a su compromiso, se disponía a hacer cavar la tierra en el lugar marcado para rendirle los últimos servicios, cuando encontró en la excavación comenzada con ese propósito un sarcófago de mármol como apenas se habría hecho uno para un rey. Gozoso por este descubrimiento, depositó en este maravilloso sepulcro el cuerpo del valiente atleta de la fe. En cuanto a Teodorico y a su amigo Jocundo, su celo arriano les fue contado por poco bajo el reinado siguiente.

    Martirio 03 / 06

    El martirio de Armogaste

    Armogaste, miembro de la corte, sufre crueles torturas por parte de los arrianos, pero sus ataduras se rompen milagrosamente y sus heridas desaparecen.

    Recuerdos de la Iglesia de África.

    Vida 04 / 06

    Exilio y decadencia social

    Para evitar convertirlo en un mártir oficial, Teodorico condena a Armogaste a trabajos forzados en Bizacena, y luego a cuidar los rebaños cerca de Cartago.

    Al año siguiente, Armogaste, que pertenecía a la corte de Teodorico, segundo hijo de Genserico, había resistido a las ofertas y amenazas de los pérfidos arrianos, cuando vio venir a los verdugos que le apretaron violentamente las piernas con cordeles y las sienes con nervios de buey. El santo hombre, en medio de esta angustia, elevaba los ojos al cielo invocando al Señor Jesucristo; sin embargo, las ataduras se rompieron en varias ocasiones, para gran asombro de los arrianos, quienes hicieron doblar las cuerdas y repetir la tortura. Pero su sorpresa fue mucho mayor cuando vieron en su frente, no marcas profundas ni la piel desgarrada, sino simples arrugas. Lo suspendieron por un pie, con la cabeza hacia abajo; pero sin lograr ni quebrantarlo, ni, al parecer, hacerlo sufrir: pues, sostenido por la ayuda de Dios, parecía dormir tranquilamente como si estuviera en un lecho mullido. Ante esta noticia, Teodorico ordenó que le cortaran la cabeza; pero Jocundo, sacerdote arriano, hizo observar al príncipe que, al quitarle la vida a este hombre, daría lugar a que los romanos (es decir, los católicos) lo honraran como mártir. En consecuencia, cambiando de opinión, hizo relegar a Armogaste a la Bizacena, condenándolo a trabajos de excavación. Más tarde, el santo confesor fue llevado de regreso a los campos de Cartago y, para exponerlo al desprecio de todos, reducido a ser boyero. Soportó esta ignominia con la misma constancia que había mostrado en sus primeras pruebas; luego, sabiendo que el día de su muerte se acercaba, hizo venir a Félix, católico sincero aunque intendente de la casa de Teodorico, y le mostró el lugar donde deseaba que su cuerpo fuera inhumado bajo un árbol. Su amigo se resistía a darle la promesa, diciendo que pretendía enterrarlo en una de las basílicas de la ciudad; pero el santo hombre insistió tanto que obtuvo la palabra de Félix. Algún tiempo después, Armogaste fue liberado por la muerte; y Félix, fiel a su compromiso, se disponía a hacer cavar la tierra en el lugar señalado para rendirle los últimos oficios, cuando encontró en la excavación comenzada para tal fin un sarcófago de mármol como apenas se habría hecho uno para un rey. Gozoso por este descubrimiento, depositó en este maravilloso sepulcro el cuerpo del valiente atleta de la fe. En cuanto a Teodorico y su amigo Jocundo, su celo arriano les fue contado por poco bajo el reinado siguiente.

    Milagro 05 / 06

    El sepulcro real

    Tras su muerte, Armogaste es enterrado por su amigo Félix, quien descubre milagrosamente un sarcófago de mármol digno de un rey.

    Al año siguiente, Armogaste, que pertenecía a la corte de Teodorico, segundo hijo de Genserico, había resistido a las ofertas y amenazas de los pérfidos arrianos, cuando vio venir a los verdugos que le apretaron violentamente las piernas con cuerdas y las sienes con nervios de buey. El santo hombre, en medio de esta angustia, elevaba los ojos al cielo invocando al Señor Jesucristo; sin embargo, las ataduras se rompieron en varias ocasiones, para gran asombro de los arrianos, que hicieron doblar las cuerdas y repetir la tortura. Pero su sorpresa fue mucho mayor cuando vieron en su frente, no marcas profundas ni la piel desgarrada, sino simples arrugas. Lo suspendieron por un pie, con la cabeza hacia abajo; pero sin lograr ni quebrantarlo, ni, al parecer, hacerlo sufrir: pues, sostenido por la ayuda de Dios, parecía dormir tranquilamente como si estuviera en un lecho mullido. Ante esta noticia, Teodorico ordenó que le cortaran la cabeza; pero Jocundo, sacerdote arriano, hizo observar al príncipe que, al quitarle la vida a este hombre, daría lugar a que los romanos (es decir, los católicos) lo honraran como mártir. En consecuencia, cambiando de opinión, hizo relegar a Armogaste a Bizacena, condenándolo a trabajos de excavación. Más tarde, el santo confesor fue llevado de vuelta a la campiña de Cartago y, para exponerlo al desprecio de todos, reducido a ser boyero. Soportó esta ignominia con la misma constancia que había mostrado en sus primeras pruebas; luego, sabiendo que el día de su muerte se acercaba, hizo venir a Félix, católico sincero aunque intendente de la casa de Teodorico, y le mostró el lugar donde deseaba que su cuerpo fuera inhumado bajo un árbol. Su amigo se resistía a darle la promesa, diciendo que pretendía enterrarlo en una de las basílicas de la ciudad; pero el santo hombre insistió tanto que obtuvo la palabra de Félix. Algún tiempo después, Armogaste fue liberado por la muerte; y Félix, fiel a su compromiso, se disponía a hacer cavar la tierra en el lugar marcado para rendirle las últimas honras, cuando encontró en la excavación comenzada con ese propósito un sarcófago de mármol como apenas se habría hecho uno para un rey. Gozoso por este descubrimiento, depositó en este maravilloso sepulcro el cuerpo del valiente atleta de la fe. En cuanto a Teodorico y su amigo Jocundo, su celo arriano les fue contado por poca cosa bajo el reinado siguiente.

    Posteridad 06 / 06

    Recuerdo de la Iglesia de África

    El texto concluye sobre la importancia de estos testimonios para la memoria de la Iglesia de África.

    Recuerdos de la Iglesia de África.

    Fuente oficial Les Petits Bollandistes, por Mons. Paul GUÉRIN, camarero de Su Santidad Pío IX.

    Signos y atributos

    Red del relato

    Los nombres, lugares y conceptos más presentes en la ficha, ponderados por su centralidad en el texto.

    Los milagros de San Armogasto

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    Preguntas frecuentes sobre San Armogasto

    ¿Quién fue San Armogasto?

    Conde en la corte de Teodorico en el siglo V, Armogasto sufrió crueles torturas por su fe católica frente a los arrianos. Tras sobrevivir milagrosamente a los suplicios, fue condenado a trabajos forzados y reducido a la condición de boyero cerca de Cartago. Murió pacíficamente tras haber predicho su fin, y fue enterrado en un sarcófago de mármol descubierto milagrosamente.

    ¿De qué es San Armogasto santo patrón?

    Patronazgos de San Armogasto: Padres.

    ¿Cómo se reconoce a San Armogasto en el arte cristiano?

    En la iconografía, San Armogasto se reconoce por: cuerdas, sarcófago de mármol y rebaño de bueyes.

    ¿Qué milagros se atribuyen a San Armogasto?

    Se atribuyen a este santo 4 milagros, en particular: Protección / liberación y Signo / prodigio.

    ¿Qué santos fueron contemporáneos de San Armogasto?

    Entre sus contemporáneos figuran: San Agustín de Hipona, San Honorato de Arlés, San Jacobo de Tarentaise y San Jerónimo de Estridón.

    ¿Cuándo murió San Armogasto?

    San Armogasto murió hacia 461.

    Anexos y entidades vinculadas

    Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.

    Acontecimientos clave

    1. Resistencia a las ofertas y amenazas de los arrianos en la corte de Teodorico
    2. Tortura mediante compresión de piernas y sienes
    3. Suplicio de la suspensión por un pie cabeza abajo
    4. Relegación a Bizacena para trabajos de movimiento de tierras
    5. Reducción al estado de boyero en la campiña de Cartago
    6. Descubrimiento milagroso de un sarcófago de mármol para su sepultura